Maga-combo Salado 2009
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Hoy concluí a las 11.25 mi semi-jornada con la fraternidad nerd a la que asisto.
Me senté en el auto y ya desde el vamos vi el torbellino vehicular en el que me iba a adentrar.
"Soy una libélula, el tránsito no me afecta
Soy una libélula, el tránsito no me afecta"..
me repetía mientras esperaba paciente que un nuevo enjambre de motitos de baja cilindrada me dejara salir de mi lugar de aparcamiento, al tiempo que ponía mi cabeza en Modo-Monje-Zen.
Una orden me había sido propinada por mi madre con las primeras luces del alba, por lo que no estaba del todo seguro de para qué tenía que ir hasta lo de mi abuela a esa hora, pero yo enfilé para allá.
Como siempre, y casi sin pensarlo, hice un recorrido que me permitiese obviar la mayor cantidad de semáforos y colegios posibles. Ya no estaba lejos cuando doblé raudo en Belgrano para tomar la calle de La Vía, cuando de repente LA FERIA!.
Mi mente dispersa y completamente ajena a que ese día había puesteros en esa cuadra, me jugó una mala pasada y casi termino con un cajón de coliflor en el parabrisas. Por suerte atiné a doblar antes, pero el ángulo de giro ya no me dió para retomar la avenida, y quedé atravesado en la esquina de la plaza, como si intentara subirme para atropellar alguna vieja con su changuito. Una situación por demás incómoda vehicularmente hablando. Que no panda el cúnico, me dijo el Chapulín que venía sentado atrás, y mirando por el retrovisor, puse marcha atrás para retomar la senda que me correspondía y.. cof cof: Se me paró el coche.
La cosa ya se tornaba negra y saladamente familiar. Cuente hasta diez, y recuerde, el auto también es un ser vivo, me dije a mi mismo, al cabo que lo ponía de nuevo en marcha, arrancando y arañando justo antes que cualquier otro automovilista stresado me pudiera bocinear. Y llegué a lo de la abuela:
Abu: Hijo! ¿Cómo estás? ¿La facu?
Sebi: Bien, abu, tranqui por ahora. ¿Y tu cadera?.
Abu: Bieeeen hijo, no me duele por ahora. ¿Y tu chica?.
Sebi: Bien, abu, no me duele por ahora. ¿Y los nervios?.
Abu: Bien, pero este fin de semana me dolió un poco la cabeza. ¿Y tus amigos?.
Sebi: Bien, abu, pero cuando los veo los fines de semana después me despierto con dolor de cabeza.
..transcurría así la charla nieto-abuela, cuando en un brote de lucidez, recordé la segunda parte de mi encomienda:
¡Abuela! (salté) ¡Mamá quería tus análisis para que el Doctor los vea antes de las 12!.
Y tomando los comentarios sobre el color del pichí de la abuela, me subí a mi nave-retro y partí rumbo a la entrega de la correspondencia.
"Soy una libélula, el tránsito no me afecta
Soy una libélula, el tránsito no me afecta".
Y llegué a mi negocio.
Peeero, claro, 12.10, mi mamá ya no estaba.
La llamo a casa, dice que todo liso, que ya fue, que se lo lleva a la tarde, por lo que tenía unos veinte minutos en los que podía ir un rato antes de lo previsto a cortarme el pelo.
Y he aquí el eje del siguiente nudo de la historia:
Me rehúso a asumir que para cortarme el pelo en una peluquería decente, tenga que pedir turno.
¿Qué por qué la negativa?: ¡Porque es muy de puto!.
Si este mundo no se esforzara día a día porque los hombres seamos más afeminados, si la sociedad toda no nos inclinara forzosamente hacia la homosexualidad impuesta, yo podría ir a una peluquería como las de antes, con puerta de vidrio con marco de madera roble-macho y una vieja campanita que anuncie mi llegada, y al entrar un hombre panzón con delantal y bigotes y yo tendríamos la siguiente charla:
Peluquero: Buenas tardes, Don Zanone.
Don Zanone: Buenas tardes, mi estimado. Vengo a que me pode este gato muerto que tengo por cabellera.
Peluquero: Pero no hay problema, mi buen hombre, si no le importa esperar a que termine de recortarle esta barba dionda a Don Gutierrez.
Don Zanone: Faltaba más, metalé bordeadora nomás, que ya parece un ciruja su cliente.
Don Gutierrez: Gracias por el cumplido, mi estimado.
Don Zanone: Faltaba más, compañero.
Peluquero: El diario es todo suyo, compadre, metale ojo si le hace gana.
Don Zanone: Si hay unos cuantos muertos y sangre, leo, sino dejemé de mariconadas.
Peluquero: Pero como no, caballero, fiambres es lo que sobra en el diarete de hoy.
Don Zanone: Entonces gustoso junto moho aquí hasta que usté termine.
Pero no. Ayer fui a la peluquería a última hora como para que no haya tanta gente, pero no tan tarde como para que me pudieran atender, y el peluquero en cuestión estaba casi terminando de cortarle el cabello a una muchacha. Le pregunté si podía esperar, y me dijo que no. Pero me dio un turno maraca para hoy a las 12. Le dije si podía venir más bien tipo 12.15, 12.30 (anticipando mi ajetreada mañana) y me dijo que no había drama, que me esperaba.
Recordando ésto, pensé que, tal vez, si inventaba un par de maniobras evasivas de último momento, podría, incluso, pasar a comprarme un pantalón antes del turnito amanerado. Recapacité y pensé que no era muy acertado intentar elegir un jean en 5 minutos, y opté por llegar antes a la peluquería.
Obviamente, en la hora pico, ni mis mejores intentos de recorrido me libraron de quedar varios minutos en unos cuantos semáforos, y encontrándome en uno de esos veo a mi izquierda un cartel promocionando la inscripción para un curso de Mecánico Dental. Comentaba que la carrera, entre otras cosas, estimulaba tu creatividad. What the fuck!. Yo, no quiero un mecánico dental que invente nuevas formas y colores para los dientes que me vaya a reemplazar, nosé ustedes. Y riéndome seguí rumbo al podador.
Llego, encuentro lindo lugar, estaciono, me bajo, miro la hora: 12.28, tengo la puntualidad de un suizo, me cago en la puta, digo, intento entrar a la peluquería y.. CERRADA.
Yo te espero
soy una libélula
yo te espero
soy una libélula.
Repiqueteaba hondo en mi cabeza el eco de la ira.
Que no panda el cún.. apenas alcanzó a decir el Chapulín, cuando dándole duro en la pelada con el chipote chillón dije "Ok, destino, estás en mi contra, me voy a ir a comprar un jean, mirá".
Y me monté nuevamente en el vehículo. Ya en la primera esquina me agarró el semáforo y me pasó eso medio incómodo que pasa a veces que es que parás juuuusto bien al lado de un auto en el que el acompañante también tiene la ventanilla baja, y el conductor y el acompañante te miran, y vos los mirás, y es como que hay un duelo de miradas para determinar quien es el dueño de la esquina, y pierde el que baja primero la mirada, y bueno, perdí, justo cuando nos dio verde, y apareció desde la ventanilla de atrás el hijo de la pareja desafiante, que tenía puesta la chombita del colegio todavía, y me saludó con la mano, y yo, obviamente, le devolví el saludo, como se le devuelve a todo nene con chombita de colegio, y seguí rumbo.
Unas cuantas cuadras después, solo una esquina me separaba de la compra. Semáforo. Miro la hora. 12.38. "Tiene que estar abierto, no son ni las 1", digo. Por fin, un paso menos en la roñera del hombre con dos jeans en el ropero, me digo, doblo, busco lugar para estacionar de reojo, lo tengo, solo falta que el local esté.. CERRADO.
La reput=()·%"%·" en éste país que nadie quiere laburar, al final uno tiene que salir a las 9 de la mañana para poder hacer las cosas..bla bla bla.. Lo bajo al Chapulín del auto de la bronca y llego a casa agotado del ajetreo cuando... Otro flash.
¡A la siesta viene Hugo a pintar (ya verán qué) y no compré el pincel!.
¿Será (me preguntaba), será posible que a las 1 P.M todavía haya un argentino laburante con ganas de venderme un pincel?.
Primer librería cerca de casa: Cerrada. ¡Fuck!.
Segunda: Abierta.
-Hola, tiene pinceles.
-Si, ¿tamaño?.
-Mediano.
-Mmm a ver.. No, tengo chiquito y grande.
-NOOOOOO!
-Pero si te apurás, acá a la vuelta seguro tienen.
Y salí corriendo, nosé si me explico, CORRIENDO hasta la librería de la vuelta, la cual, logicamente, y sólo por el hecho de que yo había transpirado, estaba cerrada.
Volví a correr pero esta vez para subirme de nuevo al auto y hacer un último intento. Doblé dos cuadras después y aunque la puerta a mi última esperanza estaba cerrada, tuve la utópica ilusión de que tal vez estuvieran con el aire acondicionado.Giré, y vi que casi el único lugar para estacionar en la cuadra estaba justo enfrente de la librería. Tal vez consiga mi botín de guerra, pensé, Pero la alegría me duró poco. Un auto de adelante me ganó el lugar. ¡Dios!, ¿puede un solo humano acumular tantas desgracias juntas?.
Violando all the reglas de tránsito, frené en seco en la esquina y reculé para poder estacionarme en la otra cuadra. Safando por enésima vez de una eventual multa, estacioné y, para variar, volví a correr hasta la librería.
Ya lo que me encontré no me sorprendió para nada: La que me había ganado el lugar para estacionar era la dueña de la librería, que ahora estaba con la llave puesta en el cerrojo. Con mi mejor cara de perro mojado, indagué:
-¿Está cerrando?
-Estem, no, en realidad ya estaba cerrado, pero vine a guardar una caja. ¿Qué necesitás?
(¿Qué? ¿Ésto es verídico? ¿Voy a conseguir el píncel para poder pintar hoy? ¿En serio?)
-Un pincel si tiene, por favor, me salvaría la vida, jeje (dije con risa sumamente nerviosa y psicópata)
-¿Pinceles? Mmm.. la verdad nosé si me quedan che, pasa que nos estamos mudando.
-¿Que?! ¿Justo hoy?!
-Jaja, si, hoy empezamos a llevar las cosas y creo que los pinceles ya se los llevaron con las témperas, a ver.. (momento crítico - mis pulsaciones por las nubes)
No nene, ya se los llevaron
ya se los llevaron
ya se los llevaron
ya se los llevaron
ya se los llevaron..
¿Hace falta que agregue algo más?.
Creo que si mi vieja no me hubiera estado esperando con sus exuberantes milanesas de pollo, ese día me arrojaba bajo un ómnibus en movimiento.
Y ustedes seguirán creyendo que estas cosas no me pasan en verdad.
Mejor así.
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