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Con una mano atrás

Posted by El Sei on 11:53 PM in

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Digamos que, en promedio, somos seis los pibes de la junta que disponemos cada tanto de auto para la movilidad grupal. De esos seis, cuatro autos son de dos puertas.

Molesta consecuencia de ello:

Por años, cada vez que se baja el primero de atrás, el o los otros que viene/n atrás le introducen un dígito entre las nalgas y/o le dan un chirlo en las pompas.

Y la constante reincidencia de este rito confianzudo-pseudo-homosexual hizo que la mayoría (todos los que no disfrutamos de que nos hagan un tacto rectal en plena vía pública), desarrolláramos como hábito de protección, el poner una mano para atajarnos de la amanerada agresión.

Con nuestros atléticos veinte-y-poquitos años, bajarse de un dos puertas con una sola mano disponible para impulsar tu humanidad hacia afuera no es grave problema. Pero si antes de subir al auto te pegaste una panzada con lomos y papas fritas, como solemos hacer los domingos, el descenso se complica. Y no te queda otra que ayudarte con las dos manos y fruncir el culo rogando que los de atrás no te hagan nada. 

Ésa era más o menos mi situación cuando me bajé del auto este domingo. Me agarré del asiento y del borde la puerta como un viejo reumático e inconscientemente, ya cansado de tantas agresiones Guido-Sullerísticas, fruncí tanto las pompas que casi me las acalambro. Pero sorprendentemente, nadie atacó mis desprotegidas nalgas. Me bajé del auto y mirando a los que venían atrás les comenté lo gratamente sorprendido que estaba por su cortés comportamiento.

A decir verdad, me quedé pensando que hace rato no veía y/o sufría un intento de violación por parte de mis amigos.

Y pensé que tal vez es cierto lo que dice en alguna parte de éste posteo del Blogpelotudo:

"con el paso de los años los amigos empezamos a incluir dosis apenas perceptibles de respeto mutuo"

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