Impresión impresa
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Digamos que me considero con conocimientos de un usuario medio de PC:
Lo cacheteo a diario al Word y sus incoherencias, apenas rasguño el profundo mundo del Excel y sus peripecias matemáticas y más que Photoshop prefiero el Paint clásico y austero. Cargo y descargo música y archivos de pendrives y celulares varios, soluciono dosquetres problemas básicos del Windows y hasta me animo a toquetear el Panel de Control, que es algo así como tener el cargado manojo de llaves del portero del edificio en tu poder.
Pero si hay parte de la tecnología, que aunque familiar e incorporada a nuestras vidas, me resulta escabrosa y despierta mis temores al colapso electrónico total, es el tema de imprimir.
Y se ve que no soy el único: Todo el que me cuenta que intenta incursionar de manera autodidacta en el rubro de la impresión hogareña, tratando de imprimir cosas en doble faz, termina gastando el doble de hojas que intentaba ahorrar, imprimiendo la hoja 2 encima de la hoja 1, u obteniendo unas doble faz ridículas que tienen un lado al derecho y el otro patas para arriba.
Yo, en particular, adquirí hace no mucho mi multifunción. Y aun no la logro domar.
Se prende sola cuando la enchufo, y parpadea como si fuera un trasbordador a punto de despegar. También parpadea aparatósamente cuando la apago, como si rehusara a dejar de alimentarse de la red eléctrica y amenazara con ahorcarme y mearme tinta en los ojos mientras duermo. Lo juro, no estoy paranoico, me mira desafiante.
Y ni hablar de cuando mando a imprimir algo: Ni grabar un DVD ni mirar una película hacen tanto escándalo en el monitor. No creo que los señores HP y los señores Microsoft sean tan bondadosos con los bosques de haberse puesto de acuerdo para desalentarlo a uno de imprimir haciendo tanto compu-bardo, pero lo cierto es que imprimir un mísero cuadrito con tus horarios de clase abre, como mínimo, cuatro globos: Guarda que imprimo, ¿Seguro imprimimos?, Sale con fritas, y Doble tinta con provenzal.
Y la impresora y la PC conspiran en tu contra para hacerte saber que, si en medio de la impresión, te quedás sin hojas o sin tinta, sos la peor lacra que vio el mundo informático.
Las veces que pasó, me saltó un globo de esos amarillos y agitadores que te aparecen abajo a la derecha del monitor, cerca del reloj, que te hacen pensar dos veces si alejarte o no de la CPU antes de que explote o algo, a la vez que salta otro cartel de esos que tienen una cruz blana y fondo rojo, grande, en el medio de la pantalla, por encima de toda conversación o página web abierta y la impresora parpadea en rojo furioso, como sangrando. Creo que si la dejo más de diez minutos sin reponerle las hojas en blanco, va a empezar a lagrimear.
Y ya que le coloqué más hojas, el bicho negro este las devora como si fuera un africano entrándole a una muzzarella: La mesita en la que está apoyada la impresora se tambalea estrepitósamente, como si yo estuviera imprimiendo el mismísimo Evangelio de Judas y un Comando Secreto del Vaticano se dirigiera a mi casa para impedirlo.
Aparato escandoloso y complicado si los hay, digo, carajo, mierda.
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