Con el perdón a cuestas, cualquiera
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Volvía yo hoy a casa, con la placidez y gracia que solo puede caminar alguien que acaba de salir bien (ataque de carteludismo inevitable), escuchando música, como quien no quiere la cosa, y al entrar en la cortada, obviamente, enfilé por el pavimento, como hacemos todos los habitantes de esta apacible cuadra, cuando, de repente, SUUUUUUUUUUUUM.. Un auto me rozó por al lado como si yo estuviera caminando suicidamente por la banquina de la Ruta 12.
"Otro que no caló que ésto es una cortada y que tenemos códigos", pensé, y seguí caminando, mientras lo miraba estacionar unos metros adelantes. Del auto se bajó un cura, con la camisa abotonada hasta arriba y el distintivo blanco entre medio, como para que ustedes no me pregunten como supe que era cura.
"Y claro, con el perdón de Dios a cuestas cualquiera se hace el guapo y te trata de atropellar"
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