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El Ministerio de Economía de Vacaciones
Posted by El Sei
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9:05 PM
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El Sei Vacacionin
..
Al igual que los buscas que les narré acá arriba, mis amigos y yo, tampoco disponemos de un frondoso presupuesto para vacaciones.
Pero a diferencia de ellos, nosotros nos amañamos dentro de los límites de la Ley, la Moral y las Buenas Costumbres para no tener que estar chupandolé la sangre a cualquier desconocido.
No es muy complicado, tampoco, es cuestión de organización y voluntad de ahorrarse unos pesos en cosas que se bilo merecen.
A las pocas horas de nuestra llegada a Colón ya sabíamos que super era más barato, donde conseguir buena carrrrne y hasta teníamos un par de datos culinarios más por si nos enloquecíamos y queríamos comer afuera.
Pero después de unos días de hacer compras relativamente baratas un cartel en el super nos dejó atónitos:
"Llevando dos gaseosas iguales, pagás una y media".
No somos nenes de mamá que almorzamos y cenamos con Coca, pero se imaginarán que las generosas cantidades de alcohol que nos refrescaban las noches requerían de una igual cantidad de gaseosas que las diluyan: Un presupuesto aparte, digamos.
De allí tal emoción ante mesejante promoción y ya nos disponíamos a saquear las góndolas de gaseosas cuando uno de nosotros leyó la letra tamaño hormiga debajo del cartel, la típica:
"Promoción válida solo para socios del supermercado".
Estábamos a punto de romper en yanto, cuando el Gordo Biain hizo un último intento.
Apelando a su mejor cara de soy un muchacho adulto y responsable que estudia abogacía y puede ser socio de un super se dirigió a una de las cajeras:
Biain:
Estemmm..Hola, disculpá. ¿Cómo me puedo hacer socio de esta peristirigiosa cadena de supermercados?.
Cajera Re Mil Marida y Piola:
Y...hay que rellenar unos formularios, ahí, peeeero, (sacando una tarjeta de socio de abajo de la caja), tomá nomás, llevate ésta.

Que grande esta tarjeeeta.
La cara del Gordo cambió en una milésima de segundo a lo de un ninio en NavidaT después de las 12, y sólo atinó a lanzar un tierno "Gracias".
Ustedes se preguntarán por otros Beneficios del "Club Día":
Bueno, en un claro acto de discriminación (que por una vez en la vida nos favorecía), las góndolas del super tenían los productos con dos precios: Un precio para clientes, y otro precio para "amigos del super". Entre esos, nosotros.
Conclusión: Llenábamos el chango por $200.
Fuimos felices.
Otra de las carencias que preocupaban seriamente a mis amigos era la falta de envases de cerveza. Yo, ya habrán notado a esta altura, vivo a Fernét, las demás bebidas me tienen sin cuidado.
En el derrotero supermercadístico, nos informaron que el super nos "vendía" los envases, a $2 cada uno, y nos daban un ticket. Si al final de las vacas se los devolvíamos, nos reintegraban el dinero. Un especie de plazo fijo con transacción en vidrio, pero sin ganancias ni pérdidas. Un ciclo económico neutro, podríamos decir. (Dale, seguí nomás vos fruteando).
Pues bien, concretamos la transacción por un monto de $24 a cambio de, logicamente mis matemáticos amigos, 12 envases de cerveza, o un cajón, bien podría decirme algún erudito de las ciencias exactas que llegue por éste Magazine.
El último día de las vacaciones, como los últimos días de todas las vacaciones, nuestro dinero depositado en "Fondo Común" se había esfumado, y aún debíamos conseguir bebida para la noche, y un par de juguitos en sobre para el viaje de vuelta.
Alguien recordó que podían obviar de tomar cerveza esa noche, y nos dirigimos al super a completar la Fase II de nuestro trueque.
Le mostramos a la cajera nuestro ticket y nuestros envases, y nos dijo que compremos lo que necesitáramos y al volver a la caja presentáramos el ticket y solo tendríamos que pagar la diferencia.
LA DIFERENCIA.
Pffff. Ésta no sabe en que clase de economistas de primer nivel nos transformamos cuando estamos de vacaciones.
Nos surtimos, sin necesidad de meditarlo tanto ni calcular mucho, de tres Coca's, una Quatro (la gaseosa de pomelo que muchos creíamos extinta, se acuerdan?. En las tierras más al Sur aún se consigue) y tres juguitos en sobre y nos dirigimos a otra caja, porque la de la primer chica estaba ocupada.
Piiiip
piiip
piiip
desfilaron nuestros productos por la cinta transportadora y el laser.
El Cajero miró su pantalla con la típica cara de tranquilidad, esa cara que nisiquiera es de preocupación o apuro por sacarte dinero: Él sabe que un instante después del laser, todos y cada uno de los que pasan por ahí abrirán sus billeteras y carteras para dejar su contribución monetaria.
Salvo que sean chorros.
O salvo que se tope con NOSOTROS:
Cajero (En altanero tono relajado).:
Sonnn..$24, justo.
Sebi.:
Ah!, mirá que bien.
Acá tenemos nuestro ticket-sito de los envases que ya se lo mostramos a Daniela en aquella caja, junto con los envases, y el importe que nos tenés que reintegrar es exactamente: VENTI-CUATRO-PE-SOS.
El pobre empleaducho no entendía nada.
Lo habíamos sacado del curso normal de una transacción que realiza sin sobresaltos más que un billete falso o un vuelto complicado día tras día.
Fue como largar un pingüino en el Amazonas.
El cajerito miraba a Daniela, como buscando explicaciones en la caja vecina.
Danielita le afirmaba con la cabeza, que estaba bien, que nos deje ir, que ella había visto y contado los envases.
Y nos volvía a mirar a nosotros.
Y controlaba en la pantalla la cantidad de productos:
Algo tuvo que haber sumado mal esta máquina, en algo se habrán pasado, algún centavo nos tenía que sacar.
Pero era inútil.
Estaba la mercadería, estaba todo embolsado, había pasado todo por el laser, nos íbamos a llevar las cosas, pero no íbamos a pagar nada, no íbamos a darle ninguna tarjeta de crédito ni un ticket canasta ni nada de nada.
Simplemente nos llevábamos la mercadería porque éramos un grupo de eruditos que estudió Economías en alguna universidad peristirigiosa del Este de U.S.A., probablemente, y lo estábamos cagando, sin cagarlo. Le estábamos robando, sin robarle.
Hasta que se resignó.
"Bueno, gracias por comprar en Dia. Que tengan BUEN DIA".
"Encima de fracasado, redundante", pensé, mientras nos llevábamos nuestras mercancías impunemente.
Juro que desde la vereda lo vi todavía controlando el ticket, buscando algún error de impresión, algo fuera de lugar, algo que, logicamente, nunca encontraría.
¿Puedo decir que nos vengamos del sistema?.
¿Que nos reímos en la cara de una mega-cadena-multinacional?.
Naah.
Apenas nos divertimos con un cajerito desorbitado.
Pero, pobre perdedor.
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Al igual que los buscas que les narré acá arriba, mis amigos y yo, tampoco disponemos de un frondoso presupuesto para vacaciones.
Pero a diferencia de ellos, nosotros nos amañamos dentro de los límites de la Ley, la Moral y las Buenas Costumbres para no tener que estar chupandolé la sangre a cualquier desconocido.
No es muy complicado, tampoco, es cuestión de organización y voluntad de ahorrarse unos pesos en cosas que se bilo merecen.
A las pocas horas de nuestra llegada a Colón ya sabíamos que super era más barato, donde conseguir buena carrrrne y hasta teníamos un par de datos culinarios más por si nos enloquecíamos y queríamos comer afuera.
Pero después de unos días de hacer compras relativamente baratas un cartel en el super nos dejó atónitos:
"Llevando dos gaseosas iguales, pagás una y media".
No somos nenes de mamá que almorzamos y cenamos con Coca, pero se imaginarán que las generosas cantidades de alcohol que nos refrescaban las noches requerían de una igual cantidad de gaseosas que las diluyan: Un presupuesto aparte, digamos.
De allí tal emoción ante mesejante promoción y ya nos disponíamos a saquear las góndolas de gaseosas cuando uno de nosotros leyó la letra tamaño hormiga debajo del cartel, la típica:
"Promoción válida solo para socios del supermercado".
Estábamos a punto de romper en yanto, cuando el Gordo Biain hizo un último intento.
Apelando a su mejor cara de soy un muchacho adulto y responsable que estudia abogacía y puede ser socio de un super se dirigió a una de las cajeras:
Biain:
Estemmm..Hola, disculpá. ¿Cómo me puedo hacer socio de esta peristirigiosa cadena de supermercados?.
Cajera Re Mil Marida y Piola:
Y...hay que rellenar unos formularios, ahí, peeeero, (sacando una tarjeta de socio de abajo de la caja), tomá nomás, llevate ésta.
Que grande esta tarjeeeta.
La cara del Gordo cambió en una milésima de segundo a lo de un ninio en NavidaT después de las 12, y sólo atinó a lanzar un tierno "Gracias".
Ustedes se preguntarán por otros Beneficios del "Club Día":
Bueno, en un claro acto de discriminación (que por una vez en la vida nos favorecía), las góndolas del super tenían los productos con dos precios: Un precio para clientes, y otro precio para "amigos del super". Entre esos, nosotros.
Conclusión: Llenábamos el chango por $200.
Fuimos felices.
Otra de las carencias que preocupaban seriamente a mis amigos era la falta de envases de cerveza. Yo, ya habrán notado a esta altura, vivo a Fernét, las demás bebidas me tienen sin cuidado.
En el derrotero supermercadístico, nos informaron que el super nos "vendía" los envases, a $2 cada uno, y nos daban un ticket. Si al final de las vacas se los devolvíamos, nos reintegraban el dinero. Un especie de plazo fijo con transacción en vidrio, pero sin ganancias ni pérdidas. Un ciclo económico neutro, podríamos decir. (Dale, seguí nomás vos fruteando).
Pues bien, concretamos la transacción por un monto de $24 a cambio de, logicamente mis matemáticos amigos, 12 envases de cerveza, o un cajón, bien podría decirme algún erudito de las ciencias exactas que llegue por éste Magazine.
El último día de las vacaciones, como los últimos días de todas las vacaciones, nuestro dinero depositado en "Fondo Común" se había esfumado, y aún debíamos conseguir bebida para la noche, y un par de juguitos en sobre para el viaje de vuelta.
Alguien recordó que podían obviar de tomar cerveza esa noche, y nos dirigimos al super a completar la Fase II de nuestro trueque.
Le mostramos a la cajera nuestro ticket y nuestros envases, y nos dijo que compremos lo que necesitáramos y al volver a la caja presentáramos el ticket y solo tendríamos que pagar la diferencia.
LA DIFERENCIA.
Pffff. Ésta no sabe en que clase de economistas de primer nivel nos transformamos cuando estamos de vacaciones.
Nos surtimos, sin necesidad de meditarlo tanto ni calcular mucho, de tres Coca's, una Quatro (la gaseosa de pomelo que muchos creíamos extinta, se acuerdan?. En las tierras más al Sur aún se consigue) y tres juguitos en sobre y nos dirigimos a otra caja, porque la de la primer chica estaba ocupada.
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desfilaron nuestros productos por la cinta transportadora y el laser.
El Cajero miró su pantalla con la típica cara de tranquilidad, esa cara que nisiquiera es de preocupación o apuro por sacarte dinero: Él sabe que un instante después del laser, todos y cada uno de los que pasan por ahí abrirán sus billeteras y carteras para dejar su contribución monetaria.
Salvo que sean chorros.
O salvo que se tope con NOSOTROS:
Cajero (En altanero tono relajado).:
Sonnn..$24, justo.
Sebi.:
Ah!, mirá que bien.
Acá tenemos nuestro ticket-sito de los envases que ya se lo mostramos a Daniela en aquella caja, junto con los envases, y el importe que nos tenés que reintegrar es exactamente: VENTI-CUATRO-PE-SOS.
El pobre empleaducho no entendía nada.
Lo habíamos sacado del curso normal de una transacción que realiza sin sobresaltos más que un billete falso o un vuelto complicado día tras día.
Fue como largar un pingüino en el Amazonas.
El cajerito miraba a Daniela, como buscando explicaciones en la caja vecina.
Danielita le afirmaba con la cabeza, que estaba bien, que nos deje ir, que ella había visto y contado los envases.
Y nos volvía a mirar a nosotros.
Y controlaba en la pantalla la cantidad de productos:
Algo tuvo que haber sumado mal esta máquina, en algo se habrán pasado, algún centavo nos tenía que sacar.
Pero era inútil.
Estaba la mercadería, estaba todo embolsado, había pasado todo por el laser, nos íbamos a llevar las cosas, pero no íbamos a pagar nada, no íbamos a darle ninguna tarjeta de crédito ni un ticket canasta ni nada de nada.
Simplemente nos llevábamos la mercadería porque éramos un grupo de eruditos que estudió Economías en alguna universidad peristirigiosa del Este de U.S.A., probablemente, y lo estábamos cagando, sin cagarlo. Le estábamos robando, sin robarle.
Hasta que se resignó.
"Bueno, gracias por comprar en Dia. Que tengan BUEN DIA".
"Encima de fracasado, redundante", pensé, mientras nos llevábamos nuestras mercancías impunemente.
Juro que desde la vereda lo vi todavía controlando el ticket, buscando algún error de impresión, algo fuera de lugar, algo que, logicamente, nunca encontraría.
¿Puedo decir que nos vengamos del sistema?.
¿Que nos reímos en la cara de una mega-cadena-multinacional?.
Naah.
Apenas nos divertimos con un cajerito desorbitado.
Pero, pobre perdedor.
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