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Y yo, ¿para qué estudio?

Posted by El Sei on 10:36 PM in ,

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En estos tiempos tan livianitos de valores, en que los viejos paradigmas del respeto mutuo y el amor por el prójimo parecen haberse echado por el retrete, los jóvenes quedan una y otra vez en el centro de la discusión, que qué les pasa, qué no les importa nada, no les calienta nada, qué viven en la pavada.

Y yo, que en vez de unirme a esa masa a descerebrada (pero despreocupada y pseudo-feliz) que marcha por nuestras ciudades, me aferro a un par de mugrosos apuntes, libros y PDF's, me pregunto a menudo:

¿Y yo para qué cornos estudio?.

Y recién hoy, en la ducha, y tras varios años de lucha (me salió un verso sin esfuerzo y eso que mucho no converso), dilucidé una respuesta que me satisface, al menos.

Se las voy a explicar con un ejemplo.. para ello, los invito a jugar el juego de las suposiciones, lúdico divertimento gratis y ameno que nos brinda la imaginación.

Supongamos, entonces, que de acá a un par de años, unos cuatro o cinco, unos diez años, me recibo.

Fiesta, pasacalle, harina, pito, matraca.. Paso un par de semanas de ocio contemplando mi título ya enmarcado y envidriado y esperando que las cejas me vuelvan a crecer para poder salir al menos hasta el almacén. Caigo en un par de meses (años) de incertidumbre hasta qué, por fin, un trabajo digno aparece.

Me mudo una, dos, mil veces. Un trabajo por aquí, un laburillo por allá, hasta que encuentro MI lugar (posiblemente, la casa de mis viejos nuevamente).

Pasa el tiempo y ya hasta me asiento como profesional.

Hasta que un buen día conozco una bella e inteligente mujer, nos enamoramos, tenemos hijos..

Mejor dicho, digamos que un buen día conozco a una interesante mujer, nos gustamos, ella queda embarazada..

A rigor de la verdad, digamos que conozco una mina, estábamos ebrios, no nos cuidamos..

Osea, digamos que conozco a una, que al otro día al mediodía me dice su nombre, el forro estaba pinchado, bla bla bla..

Al final no nos llevamos tan mal, los guachos crecen, comen, gastan. La vida es bella.

Pasan los años, aparecen canas, arrugas, colesteroles. Los críos se empiezan a ir de casa, me cuesta leer el diario sin lentes y tomo más té que mate.

Hasta que un buen día la más chica me pide que la lleve a lo de una amiga, y justo pasamos por mi Facultad añorada. Los estudiantes que acarrean sus libros se disponen a entrar, un par matean en la plaza de en frente y el ocaso al otro lado de la esquina anuncia que es hora de entrar a las nocturnas clases de la Tecnológica y todos aquellos años juveniles de estudiante universitario me golpean como una bofetada. Se me pianta un lagrimón, la mocosa se da cuenta, me pregunta que qué me pasa, que no sea maraca, le digo que no hinchelaspelotas, que son las gotas para los ojos.

Esa noche vuelvo a casa y la bruja nota que me pasa algo, me insiste y me insiste hasta que termino desembuchando lo sucedido. Charlamos mucho de aquellos años y me termina convenciendo de qué empezar a dar clases sería la mejor manera de volver a la Facu y devolverle a esa Alta Casa de Estudios algo de lo mucho que me llevé.

Aprovecho una suplencia para volver, con una materia humilde, tranqui en los primeros años. Pasan los cuatrimestres, las suplencias se acumulan y ya me animo a pedir mi propia materia. Me aboco a la tarea, me esfuerzo por dar clases entretenidas y uso todos los recursos de la tecnología a mi disposición para hacer didácticas mis explicaciones. Soy respetuoso pero accesible con mis alumnos y hasta evito caer en miráculo con mis alumnitas (alumnitassss ..GRRRRRRR).

Me comienzo a ganar mi respeto en la facultad, y poco a poco voy cambiando hacia materias más importantes de los años más avanzados, hasta que un buen día, sin darme cuenta, ya estoy dictando la última materia de quinto año, la materia con la que todos los alumnos se reciben.

Con el tiempo, es ya conocido entre los alumnos que en la primer clase les doy un sermón sobre lo difícil que era la facultad en mis días de estudiante, las peripecias que nos hacían pasar profesores dinosaúricos y exigentes hasta la demencia. Les aclaro siempre que yo no comparto esa metodología, que doy clases en una facultad, no en un regimiento, y que, espero, me respondan como alumnos en consecuencia.

Mi estilo se vuelve un clásico, mis alumnos no faltan ni aunque juegue la selección, ansiosos por averiguar de qué imaginativa manera abarcaré el nuevo tema y haré entretenida la clase, siempre acotando algún bocadillo sobre actualidad, deportes o el dominio femenino.

Pasan más años y un buen día, al volver a casa, me encuentro con una carta de las autoridades, agradeciéndome por tantos años de desinteresado esfuerzo y comunicándome que mi jubilación estaba lista, que podía dejar las clases cuando quisiera.

Silenciosamente guardo la carta en el cajón de mi escritorio que tiene llave y espero paciente a que mis profesores ayudantes salgan de viaje. Justo esa semana decido tomar exámenes finales. Un par de alumnos ansiosos por recibirse aceptan mi apuesta y se anotan para rendir. Solo les falta mi materia.

Ese día me pego un buen baño, me pongo mi mejor traje, llego al curso puntual. Los dos muchachos me esperan, aterrados pero sabiendo que les resta solo un ínfimo peldaño hacia la libertad.

Los saludo, me saludan, abro mi portafolios, relleno el papelerio, corroboro sus apellidos, les pido sus libretas, les pido que saquen unas hojas, que alejen sus mochilas. Les dicto unas preguntas laboriosas pero poco traicioneras, que los tranquilizan, y les doy 2 horas para entregarme sus finales.

Los primeros minutos ambos están inquietísimos, se secan una y otra vez las manos en sus jeanes, se echan el pelo hacia atrás, me miran, miran el pizarrón, hasta que consiguen, primero uno, y por contagio el otro, concentrarse en la hoja. Escriben, uno con ritmo sostenido, el otro con pausas donde hace profundas reflexiones sobre lo que ha escrito.

Me aburro, y comienzo a hojear sus libretas. El que está más cerca mío es Gamarra. Su libreta prolija está casi exenta de 2's. Los 8's y los 9's se acumulan regordotes y los 10's abrochan una libreta envidiable. Sólo al final reluce, radiante, el espacio en blanco para la nota de mi materia.

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Lo indago:

-Te fue bien, Gamarra, ¿he? (levanta la vista, desorientado)

-¿Cómo dice profe?

-Qué tenés buenas notas.. ¿qué tenés.. el mejor promedio?

-Aaaah, no no, profe, la remo nomás

-Vamos Gamarra, no se haga el humilde, ¿cuál es su promedio?

-Naaa, no se profe, hace mucho no calculo

-Vaaamos compañero, no me mienta

-No en serio profe, no estoy seguro, 8 y pico creo

-Está bien Gamarra.. escribí nomás

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Y el chico, extrañado, se vuelve sobre su examen.

Escucho cotorreo de viejas en el pasillo. Me asomo por la puerta y me encuentro con un contingente de parientes y amigos que esperan con un pasacalle que reza "Grande Marce, lo conseguiste".

Cierro la puerta y vuelvo a mi escritorio.

-Cheee Gamarra.. ¿esos de afueras son tus parientes?

-Si, profe, no quise que vinieran peeeero.. vio cómo es

-Naaa si, es al pedo.. Che, pero acá dice que vos sos del interior, ¿verdad?

-Si profe

-¿Y toda tu familia vino porque te recibías nomás?

-Heee.. maso profe, si

-Aaaaah mirá vos.. bueno, hacé tranquilo Gamarra

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Su compañero que rinde a su lado me mira desconcertado. Yo, lo ignoro por completo.

Pasan unos minutos más y Gamarra me pregunta:

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-Profe..

-¿Si?

-¿Puedo sacar una hoja?

-¿Para qué?

-Para seguir escribiendo.. se me terminaron las dos que saqué

-Aaaah y bueno, que va a hacer

-Entonces.. ¿puedo sacar?

-Heeeem.. no, mejor no

-¿Me va a tomar oral lo que me falta?

-No

-¿Le entrego lo que hice?

-No no, así está bien

-Aaaah ya terminé

-No, si me dijiste que te faltaban preguntas

-Jaja, pero no tengo más hojas, profe

-Y bueno, mala pata, che

-Y pero.. ¿qué hago?

-Nosé

-Profe, ¿usted me está gastando?

-¿Por qué? ¿Tengo cara de Piñón Fijo yo?

-¿De quién?

-Nadie, nadie, pibe.. No, no te estoy cargando

-¿Entonces?.. ¿Me pone la nota?

-Qué nota si no terminaste el examen

-Pero no tengo más hojas! Tengo que sacar!

-No, no se puede

-Pero usted no aclaró que no podíamos sacar más después

-Aaaaah y bueno, calculaste mal las hojas, problema tuyo

-Profe, me está poniendo nervioso, voy a llamar a alguna autoridad si no me deja terminar

-Nadie te dijo que no termines

-Pero no tengo más hojas!

-Y bueeh.. yo ahora me tengo que ir

-¿Cómo que se va?

-Sep, me tengo que ir, me colgué con la hora

-Y pero.. ¿y nosotros? ¿el examen?

-Aaaah y nosé, guardenseló

-¿Y la nota?

-¿Que nota?, sino terminaron

-Profe, espere, no se vaya, ¿qué hace?

-Hasta lueeego

.

.

En el pasillo dos viejas me increpan:

-Y profe, lo aprobó a Gamarra? se recibió ya?

-No, no sé la verdad

-¿Cómo que no sabe? ¿No les estaba tomando usted?

-Si, pero me aburrí

-¿Como que se aburrió?

-Si, me aburrí.. Ahora me jubilé, me voy a mi casa

-Y los chicos?

-Ahí, adentro del curso señora, entre y llévese el suyo.. Hasta lueeeego

.

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Y ese día volveré a mi casa, me pondré las pantuflas y el boxer de seda, me preparé un ferné en vaso largo, y me sentaré en el sillón a mirar un recital.

Ah, si.. por si no entendieron:

Estudio para poder continuar con una antiquísima tradición de tortura facultativa

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6 Comments


ahhh..y yo que pense que terminabas a los besos y abrazos con Gamarra, y el final feli' ?
Aunque, pensandolo bien, estas sentado, en tu sillon, con boxer's de seda y mirandote el recital de Jack, Qué mas feliz que eso?


ajajjajajajajaj sos hijoo de puuu..eehhhh...eso no se hacee.....pero buee...por eso sera que estudie leyes (?)


Me reí y no sé si estoy con ánimos cambiantes o me compenetré con la historia, pero hasta me dió cosa el relato en un momento..jaja

Me dá a pensar un par de cosas..
1- Cómo flasheás HDP por ahí!!
2- O sea, después de quejarte por aaaños de varios profesores "especiales" q te tocaron y te seguirán tocando, te imaginás siendo parte de esa especie!
3- Pensaba en Gamarra q se vé q se cagó estudiando toda su carrera para sacarse las mejores notas para al fin recibirse y me pregunto, por qué? Por qué tener q soportar el disfrute de "su gente" descontrolaaada, aprovechandose de la situación para sacar toda su ira contra el pobrecito, con la escusa de q "al fin es ingeniero" bueno, por lo menos le dejaste el bajón para mas adelante.. Aunque en realidad creo q en ese momento TODO te chupa un testículo..


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jajajajaja

(Para las tres de arriba):
coincidiré con la mucha gente que me dice que lo mejor de muchos posteos son los comments ;)


¿Ese va a ser tu triste final facultativo?



Que triste...


Matarte estudiando.... Para ser profesor :|


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ironía, entendés, ironía

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