Sal, ¡volviste!
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Ya la gente me pregunta preocupada por la calle "Sebi, no te pasa nada malo a vos últimamente? te sentís bien?".
Y la verdad es que, NO.
No me gusta una mierda la vida esta sin los hechos irracionales y desafortunados que ya son parte de mi. Es cómo que este último tiempo estuve viviendo una vida ajena, tranquila y apacible, y sin material sustancioso que postear.
Pero hoy todo empezó a volver a la normalidad, por suerte para este blog.
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Resulta que esta mañana me levanté así como dopado. Es que generalmente cuando duermo poco, como anoche, no me suelo levantar. Pero hoy lo tenía que hacer de todos modos, así que la falta de sueño me causó una deficiencia mental "temporaria".
Aunque no tenía mucho tiempo de sobra, fui casi por inercia hasta la cocina a prepararme una café con leche.
Puse el agua y estaba por empezar el bate que bate con el café, cuando, creo yo que a causa de la amenazadora tormenta, se cortó la luz. De pelos, pensé, porque ahora todo el proceso de irme de casa iba a ser más lento, y al tacto. Entonces saqué mi celular y me empecé a hacer luz buscando una cuchara en la cocina. En la batea descansaba impávida una fuente con agua esperando ser lavada. Mi mano pasó por encima con el celular, escaneando la zona en busca de la cuchara cuando...bueno...se lo pueden imaginar:
El celular salió despedido de mi mano como si fuera una banana apretada por un gorila, hizo un rondó en el aire al mejor estilo clavadista olímpico y PLOP. Derecho al fondo de la fuente.
Recaliente pero un poco indeferente porque todavía estaba muy dormido como para acelerarme por el suceso, saqué el celular. Bueno, buscar un trapo seco en la oscuridad fue una proeza, se imaginarán: Iba tanteando muebles con el teléfono empapado, y en eso se aparece mi viejo.
Cabe destacar que El Maikel tiene una obsesión con las linternas. Si o si tiene que tener una al lado de la cama. Parece que le da modorra ir prendiendo luces para mear de noche, entonces va como sereno a la madrugada por mi casa cada vez que se mea.
Aprovechando su fetiche lumínico, le pedí ayuda:
-Viejo! Pasame tu linterna!
-No anda más!
-¿Qué le pasó?
-¡Se cayó al inodoro!
(Nótese el uso de la tercera persona, denotando que la linterna tiene, obviamente, vida propia)
-Aaaah buenísimo, es de familia por lo menos
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A todo esto el bicho seguía prendido, aferrado a la vida por una mísera conexión de estaño. Le hice respiración boca a boca, le saqué la ropa mojada y, muy inteligente, lo puse debajo del ventilador y dejé la perilla en ON así cuando volvía la luz podía empezar a intentar remover el agua de mi pobre y maltratado aparatejo.
Iré un poco hacia el futuro por un momento para hacerles un comentario:
Ahora es de noche, volví a casa y tengo de nick que no tengo celular porque se zambulló. Y la gente, morbosa, te empieza a preguntar que qué le pasó, todos esperando que les diga que se me cayó porque estaba jugando al Pong mientras cagaba.
Pero lo que me causa más gracia es lo materialista de sus cabecitas. Hace un tiempo, cuando me robaron mi súper celular, me mandaron hasta una corona. Me daban los pésames, me alentaban, venían a tomar mates conmigo para que no piense en mi celular ultrajado.
Pero ahora que lo que se me mojó es un celular comunacho y con más de un año encima, la gente te pregunta cagándose de risa, suponiendo que para vos no es un golpe tan duro.
Que la soben. Mi celu es mi celu y por ahí pasaron algunas de las más grandes prosas de la literatura de mensajes de texto del siglo XXI (enviadas y recibidas).
Forros desalmados!.
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Anyway, retomando los sucesos de las primeras horas de la mañana:
..Como no había luz no veía un carajo para tomar mi desayuno, y si abría la puerta del patio iba a entrar la perra, desatando un torbellino matinal que nadie estaba de ánimos para soportar. Así que no me quedó otra que abrir la puerta del frente y tomar la leche en el living, chupándome todo el viento Sur que entraba de frente. Muy bonito todo.
Junté mis cosas y partí con mi viejo que me acercaba hasta la facu.
Hoy teníamos práctico en el laboratorio. No ahondaremos en detalles pero les basta con saber que la premisa básica para que te dejen entrar y hacer el práctico es que lleves tu blanco guardapolvo. Como ya venía con demora culpa del corte energético, me bajé del auto a los pedos, agarrando en una mano la campera y en la otra mi paraguas (ah, si, llovía y hacía frío también). Mi paraguas es en realidad una sombrilla que me designaron en esta casa por no querer comprarme un paraguas de cartera como toda dama se merece. Así que tapado por la gigante lona negra, me bajé a las corridas. Subí hasta el laboratorio, saludé a la profe y a mis compañeros, dejé mi mochila, colgué la campera y .. el guardapolvo no estaba.
Como empecé a buscar el guardapolvo como un condenado, la tipa me preguntó que qué pasaba, y le informé que el guardapolvo estaba poseído por ánimas malditas y había cobrado vida propia, deslizándose de mi mano y corriendo por su cuenta por la avenida (digno hijo de mi padre). Pero no me creyó mucho y me dijo que si no tenía guardapolvo no me dejaba entrar un carajo.
Apelando como siempre a la solidaridad facultativa le pedí el celu al Mati. El muy marido me lo dió, aun sabiendo que si lo ocupaba era para llamar.
El único problema es que mi viejo no tiene celular. Jaja. Se se, así nomás. Y mi vieja tampoco. Se rebelan de prepo contra el sistema o son más vivos que todos nosotros, una de dos (saquen sus propias conclusiones). Así que la que me quedaba era llamar al negocio. O sea, esperar a que mi viejo llegue, encuentre lugar para estacionar (algo que te suele tomar unos 20 minutos en esa zona). Después tendría que insistir unas cuantas veces hasta que escuchara el teléfono. De ahí esperar a que cierre el negocio de nuevo para llevarme el..
Se va a la puta, dije.
Salí del laboratorio, paraguotas en mano, y encaré derecho bajo la lluvia hacia el negocio, que está a unas 10 cuadras de ahí.
Abro el toldo, cruzo la calle, levanto la vista y veo un auto como el mío saliendo de la estación de servicio de la otra cuadra.
Naaaa (dije) ¿mi viejo?.
Comencé a trotar ridículamente como trota uno cuando está apurado un día de lluvia, así como acolchonando los pasos estúpidamente para no resfalar, en un desesperado intento por alcanzar a mi viejo. Estaba a una cuadra, pero unos cuantos autos lo frenaron en la esquina así que estaba parado. Corrí 10, 25, 50 metros, y cuando estaba a unos 20 metros de él.. Si, lo lógico, lo Sebi-mente esperable:
Ruuuuuuuuuuuuuuuuuuuuum .. arrancó.
Le chiflé con pulmón y medio pero, nada.
No, me dije, ésto no me puede estar pasando.
Traté de consolarme pensando que el tapizado me había parecido de otro color y como no miré la patente cabía la posibilidad de que no haya sido mi viejo.
Me quedé mirando el auto, y solo para el regocijo de ustedes evalué:
A mi auto no le anda el guiño trasero izquierdo.. entonces, si dobla en la esquina y no pone guiño, es mi viejo.
Bueno, adivinen así ahorro tinta. Dobló en la esquina y no puso guiño. Era mi viejo nomás.
Le silbé a un par de taxis y.. nada, muy ocupados ellos llevando viejas conchetas en estos días que llueven soretes de punta.
No me quedó otra que empezar la caminata bajo el paraguas, silbando bajito y puteando en voz alta.
A los dos cuadras salió de una casa un viejo, un doctor. Tenía en la mano un portafolios y un guardapolvo. Juro que fantasié con robarle el delantal.
"¿A cuánto puede correr este viejo? ¿Quién lo va a ayudar si le manoteo el guardapolvos y corro? No hay nadie cerca, muekeke", pero me cagué.
Llegué al negocio notablemente acelerado. Lo miré a mi viejo con cara de asesino serial y lo increpé:
-¿Te diste cuenta que me olvidé el guardapolvos?
-Sii.. acá está!
-¡¿Y por qué no me lo llevaste al laboratario?! ¡Te dije que estaba llegando tarde!
-Es que no había lugar para estacionar acá, y mamá me dijo que..
(mi viejo tiene un Master en excusas incoherentes, como verán)
-He?! ¡¿Y qué tiene que ver?! Allá en el laboratorio si había lugar!
-Bueno, llevate el auto ahora si querés
-Bueno chau, te quiero papuuuucho
Le dije, aun en papel de ofen', y manejé a 130 Km/h de vuelta hacia el laboratorio.
Por suerte llegué y mi compañero ya había arrancado la primer parte así que pudimos terminar el práctico y, hasta ahí, todos felices.
Volví a casa y empecé a evaluar más detenídamente la situación del teléfono. No tenía mal aspecto pero tampoco me quería arriesgar a prenderlo. Entonces opté por ponerlo cerca de la estufa. El calor era considerable, pero mi idea era dejarlo unos 10 minutos, como para testear el método de secado. Quise poner una alarma para acordarme de volver a controlarlo y que no se rostice, pero, claro, no tenía en qué celular poner la alarma.
Para colmo a la siesta rendía alemán. Ah, y si, logicamente, no había estudiado un carajo todavía. Pensaba que no podía ser tan salame de olvidarme el celular frente a la estufa, que mi mente sería capaz de acordarse, de hacer dos o tres ejercicios de alemán y volver a controlar la cocción del móvil.
Pero no. Me senté a leer y me olvidé. Me acordé como a la media hora. Cuando fui a tocarlo, gracias a Dios y San Sony Ericsson, no estaba quemado, pero la pantalla estaba empañada, como si los transistores hubieran estado jadeando adentro.
Probé y se prendió, pero para escribir un mensaje es como que el celular lo piensa dos veces. Uno tipea algo y el cursor del texto queda duro como diciendo Mmmm...espera un chiquito a ver si escribo o no. Y medio minuto después escupe unas letras.
Está jodido, no sé si sobreviva.
Comí, me bañé, que esto, que lo otro, y cuando ya faltaban unos minutos para partir recordé que la última clase la profe de alemán dijo que ella no podía llegar a las 14.45 como teníamos habitualmente, así que la próxima iba a ser a las 15 hs. Ustedes dirán "cuál es la diferencia?". Bueno, recuerden que esta gente es chapada a alemana, así que 15 minutos son 15 minutos.
Aproveché esos 15 de más que tenía para leer un par de boludeces más y partí. Llegué 14.49, acostumbrado ya a la puntualidad de la profe que lo deja como un tape a uno por 2 minutos.
Entro y... todos mis compañeros emperrados sobre las hojas, birome en mano, un cidí en el minicomponente y la profe que me hace "Sssssssshhhhhhhhhh".
¿A la puta (dije yo) están avisando por radio que revivió Hitler o qué onda?
Había sido que lo del cambio de horario era para los miércoles nomás, los lunes vamos a seguir entrando a las 14.45.
Pero claro, como yo siempre soy el desubicado que vive colgado en San Ojete, ni enterado. Todo el mundo puntual y El Sebi, a la hora que se le canta el culo para rendir, encima.
Me rasqué la cabeza con énfasis y me justifiqué diciendo:
-Hice un gran esfuerzo para acordarme que entrábamos 15 minutos después, y le erro de día!
A lo que la profe contestó con una sonrisa de compromiso y pasándome el examen para que me calle.
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Todo redondo hoy, todo redondo.
Y bueno, con respecto a mi viejo, ya verán como funciona ésto:
Cuando le queremos decir a alguien "Feliz Dia, Te Queremos", la hacemos un posteo y hablamos mal de él.
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